Se nos ha ido el Beni
El hombre detrás de la barra
Dice que no hace falta saber su nombre completo, que es “el Beni”, y con eso basta. Todo el mundo le conoce así. Nació en Quintana de la Serena, un pueblo pacense de algo más de 5000 habitantes, en 1957. Es el mayor de cuatro hermanos. Cuando todavía era pequeño, se mudó con su familia a Madrid. Su padre era industrial. El primer trabajo de Beni fue ayudarle en la industria. Quiso estudiar Psicología, pero tuvo que dejarlo. Estuvo en la mili. Después hizo un sinfín de trabajos: frutero, pescadero, carnicero… Hasta que acabó en la hostelería. Y le gustó. “Hacía mis pinitos en la cocina. Guisaba en casa, fíjate, lo que no quiere nadie”, recuerda. Entre otras cafeterías, trabajó en la de Prado del Rey, y de aquella experiencia conoce a varios famosos que después han visitado su bar. Se casó. Tiene dos hijos: una hija que trabaja en un hotel en Benidorm, y un hijo que estudia Bachillerato. Beni, Benito, siempre está de buen humor y disfruta de su trabajo. Es un hombre humilde, pero de vez en cuando, como dice él, se hace un “halago aparte”, como, por ejemplo, que sus sobrinos, a los que, según cuenta, ha ayudado mucho, le veneran. Hace poco ha adoptado a una niña a la que sus padres habían abandonado. Esto no lo cuenta Beni, sino uno de sus clientes fijos, que cuenta enternecido que la niña le adora y le llama papi, y que Beni se desvive por ella. Los lunes el bar de Beni está cerrado. “Los lunes se los dedico a mis hijos, el resto a mis clientes”, cuenta. Los clientes son como de su familia, y así los trata.
Un bar peculiar
Hace casi 16 años desde aquel día en que el renovado bar Gran Vía abrió sus puertas. El bar ya existía antes, pero con otro público, otro ambiente y otra decoración. Por supuesto, también con otro sistema.
Si se le pregunta por el secreto del éxito, se muestra modesto. Las claves son, para él, puntos de partida inexcusables: confiar en la juventud, el autoservicio…
Por las mañanas, Beni se encarga de las compras, la limpieza, la reposición (es importante que no falte de nada).
Nunca ha puesto publicidad del bar. La publicidad la hacen sus clientes. "No anunciaría el bar. Hay veces que no enciendo el luminoso para que no venga más gente". La publicidad consiste en un más que efectivo boca a boca. Buen género, buenos precios, buen ambiente, voto de confianza a la juventud parecen convencer a sus clientes. Beni está encantado: “Este es mi primer bar propio, en el que hago lo que quiero, con permiso de mis clientes”.
Una decoración muy personal
Ya desde fuera, se intuye que el bar Gran Vía va a ser un sitio fuera de lo común. Una planta enredadera cubre la fachada. En la puerta, de cristal, hay fotos de clientes. Y sólo es un adelanto. Todo, TODO el bar está literalmente forrado de fotografías de clientes y de los famosos que frecuentan el bar: las paredes, la máquina de tabaco (que no funciona, por cierto), los arcones frigoríficos… Hasta la barra, donde las fotos sólo dejan un pequeño hueco por el que se asoma Beni para atender. Los muebles son, a juicio de muchos, “de la época de Alfredo Landa”. En la pared del fondo de la derecha, arriba, hay nueve vasos de Coca Cola llenos de lápices y bolígrafos. En la pared de la barra, arriba, hay sujetas unas veinte (quizá más) cámaras de fotos. Las banderas de países, las guirnaldas de luces de colores y los farolillos que cuelgan del techo completan la decoración. ¿Cómo se le ocurrió a Beni decorar así el bar? “Bueno, lo de los lápices y las cámaras de fotos, es que yo colecciono todo lo que sea bonito. Me lo traen los clientes. ¡Ah! También colecciono mecheros, los guardo aquí, en esta botella (señala una de esos botellones antiguos con capacidad para una arroba de vino)”. ¿Y las fotos? “La bruja Lola me dijo: ‘Beni, hazle fotos a tus clientes, que seguro que vuelven’”. Y así hice. Son mis clientes los que las cuelgan donde pueden. Eso sí, sin tapar las caras de otros”. En las escaleras que bajan al baño (sus paredes también forradas de fotografías), se descubre la última sorpresa: una paloma en una jaula. Se llama Blanca. Hace siete años se cayó de un nido en Benidorm y Beni y sus hijos se la trajeron a Madrid. Muchos días, Beni la saca en el bar y se la pone en el hombro, y la paloma no se va. “El que no quiere a un animal no puede tener cariño”, asegura.
El sistema, único
Una de las cosas que más caracteriza al bar Gran Vía es su sistema. El famoso sistema. “Soy el único en el barrio que trabaja así. De hecho, creo que soy el único en Madrid”, asegura Beni. Beni cuenta cuándo se le ocurrió la idea: “Antes tenía un camarero que iba a por tabaco y tardaba muchísimo en volver, vaya caradura... La gente me decía ‘Beni, un botellín’, y yo, como no me podía mover de la barra, les decía ‘Cógelo tú’…”. Y así comenzó todo. El bar de Beni es prácticamente un autoservicio: los clientes cogen los botellines y las latas directamente de los arcones frigoríficos. Con cada botellín o lata, es conveniente pedir tapa. Beni se molesta si no lo haces. Cuando necesita algo de fuera de la barra, Beni no duda en pedírselo a los clientes: “Ey, guapa, sácame una bolsa de hielo de esa nevera”, “Ey, el de azul, pon este disco (de sevillanas) en el DVD (duvedé)”. Pero el sistema no acaba ahí. Se paga al final, cuando ya te vas a ir: “Vosotros os pedís algo de comer y de beber, os lo tomáis tranquilamente y, luego ya, venís y me lo pagáis. Así da gusto, ¿eh?”. Y lo curioso es que la gente no suele engañar a Beni. “Confío en la gente. La gente es buena conmigo. No merece la pena perder la amistad por un botellín o por dos. Los macarras aquí no están a gusto”, comenta.
Beni y los famosos
Entre la clientela del bar Gran Vía se encuentra una larga lista de famosos de toda clase. Cuando estuvo trabajando en la cafetería de Prado del Rey, Beni tuvo la oportunidad de conocer a muchos (“De los grandes”, dice), como Marifé de Triana o Joaquín luque (“Luqui-luc”, como él le llamaba). La Pantoja también ha estado en su bar (“La Pantoja es una señora”, asegura) y tiene una foto de ella dentro de la barra. El bar Gran Vía está al lado del Teatro Lope de Vega, y así ha conocido a muchos actores y cantantes que actuaban allí y se tomaban un descanso en el bar de Beni: Paloma San Basilio, José Sacristán, Alfredo Landa, la compañía de Rafael Amargo… También han disfrutado de su venado en salsa o de su pollo “flameao” el Juli, Andy y Lucas, Carlos Sobera, Manuel Valdera, Pablo Puyol y Manu Tenorio antes de pasar por Operación Triunfo. Algunos, como Pablo Puyol son clientes asiduos. Quienes también le visitan a menudo son lo que él llama “grispis, crispis…”, los frikis, “toda la caspa”, en definitiva: Leonardo Dantés, Tony Genil, la bruja Lola, Paco Porras, los vampiros de Transilvania… De todos estos famosos tiene fotos en las paredes de su bar. Paco Porras dedica así una: “A los bellos clientes del Beni, con cariño”. Dice que trata a los famosos como a cualquier cliente: “Tanto vales tú, como valgo yo”.
Las frases de Beni
Quien entra en “el Beni” y se queda un rato, no se va sin oír algunas de las frases míticas de su propietario. Algunas, de su propia voz. Cuando alguien le pide un botellín o un abridor, él responde: “Llevo quince años y no voy a cambiar el sistema esta noche”. Otras, sin venir a cuento: “En mi casa no importa la edad. Bienvenida la buena gente”. Cuando le vas a pagar: “Aquí el que se va sin pagar, peor para él. El que es bueno, vuelve. Por eso yo tengo confianza”. Cuando pides: “Vosotros os pedís algo de comer y de beber, os lo tomáis tranquilamente y, luego ya, venís y me lo pagáis. Así da gusto, ¿eh?”. Y constantemente: “Tengo a la gente más honrada de Madrid”.Otras frases están escritas en carteles por todo el bar. No sólo anuncian las bebidas y comidas y sus precios: “Pollo al ron, 4 euros. ¡Olé!”. También las hay que resumen la filosofía de Beni y de su sistema: “Por favor, pedir vuestras tapas con cada consumición. Gracias”, “Beni confía en ti”, “El Beni da las gracias a la buena gente”.
El Beni mediático
El bar de Beni, sin duda un sitio insólito en la época actual, ha sido recogido, lógicamente, por varios medios Beni ha sido entrevistado por Madrid Directo y Mi cámara y yo. También ha salido en prensa, y guarda los recortes. Dice que tiene unos 20. Y cuenta que muchos jóvenes sacan su bar en la revista del colegio o del instituto. Incluso Daniela Cardone grabó el bar Gran Vía para enseñarlo en Argentina, “porque le encantó”, cuenta Beni. Javier Cárdenas, de Crónicas Marcianas, le ha entrevistado tres veces. “La primera se portó muy mal”, asegura Beni dolido.
Beni y su bar también aparecen en varias guías, como De cañas por Madrid (que le pone un 8,1 de nota) o la Guía del Ocio.
Otros internautas han inmortalizado el bar en sus webs personales. Se pueden encontrar desde fotos hasta la crítica (positiva) de una japonesa.
Por Ana Cortina Montes(Reportaje temático)
Dice que no hace falta saber su nombre completo, que es “el Beni”, y con eso basta. Todo el mundo le conoce así. Nació en Quintana de la Serena, un pueblo pacense de algo más de 5000 habitantes, en 1957. Es el mayor de cuatro hermanos. Cuando todavía era pequeño, se mudó con su familia a Madrid. Su padre era industrial. El primer trabajo de Beni fue ayudarle en la industria. Quiso estudiar Psicología, pero tuvo que dejarlo. Estuvo en la mili. Después hizo un sinfín de trabajos: frutero, pescadero, carnicero… Hasta que acabó en la hostelería. Y le gustó. “Hacía mis pinitos en la cocina. Guisaba en casa, fíjate, lo que no quiere nadie”, recuerda. Entre otras cafeterías, trabajó en la de Prado del Rey, y de aquella experiencia conoce a varios famosos que después han visitado su bar. Se casó. Tiene dos hijos: una hija que trabaja en un hotel en Benidorm, y un hijo que estudia Bachillerato. Beni, Benito, siempre está de buen humor y disfruta de su trabajo. Es un hombre humilde, pero de vez en cuando, como dice él, se hace un “halago aparte”, como, por ejemplo, que sus sobrinos, a los que, según cuenta, ha ayudado mucho, le veneran. Hace poco ha adoptado a una niña a la que sus padres habían abandonado. Esto no lo cuenta Beni, sino uno de sus clientes fijos, que cuenta enternecido que la niña le adora y le llama papi, y que Beni se desvive por ella. Los lunes el bar de Beni está cerrado. “Los lunes se los dedico a mis hijos, el resto a mis clientes”, cuenta. Los clientes son como de su familia, y así los trata.
Un bar peculiar
Hace casi 16 años desde aquel día en que el renovado bar Gran Vía abrió sus puertas. El bar ya existía antes, pero con otro público, otro ambiente y otra decoración. Por supuesto, también con otro sistema.
Si se le pregunta por el secreto del éxito, se muestra modesto. Las claves son, para él, puntos de partida inexcusables: confiar en la juventud, el autoservicio…
Por las mañanas, Beni se encarga de las compras, la limpieza, la reposición (es importante que no falte de nada).
Nunca ha puesto publicidad del bar. La publicidad la hacen sus clientes. "No anunciaría el bar. Hay veces que no enciendo el luminoso para que no venga más gente". La publicidad consiste en un más que efectivo boca a boca. Buen género, buenos precios, buen ambiente, voto de confianza a la juventud parecen convencer a sus clientes. Beni está encantado: “Este es mi primer bar propio, en el que hago lo que quiero, con permiso de mis clientes”.
Una decoración muy personal
Ya desde fuera, se intuye que el bar Gran Vía va a ser un sitio fuera de lo común. Una planta enredadera cubre la fachada. En la puerta, de cristal, hay fotos de clientes. Y sólo es un adelanto. Todo, TODO el bar está literalmente forrado de fotografías de clientes y de los famosos que frecuentan el bar: las paredes, la máquina de tabaco (que no funciona, por cierto), los arcones frigoríficos… Hasta la barra, donde las fotos sólo dejan un pequeño hueco por el que se asoma Beni para atender. Los muebles son, a juicio de muchos, “de la época de Alfredo Landa”. En la pared del fondo de la derecha, arriba, hay nueve vasos de Coca Cola llenos de lápices y bolígrafos. En la pared de la barra, arriba, hay sujetas unas veinte (quizá más) cámaras de fotos. Las banderas de países, las guirnaldas de luces de colores y los farolillos que cuelgan del techo completan la decoración. ¿Cómo se le ocurrió a Beni decorar así el bar? “Bueno, lo de los lápices y las cámaras de fotos, es que yo colecciono todo lo que sea bonito. Me lo traen los clientes. ¡Ah! También colecciono mecheros, los guardo aquí, en esta botella (señala una de esos botellones antiguos con capacidad para una arroba de vino)”. ¿Y las fotos? “La bruja Lola me dijo: ‘Beni, hazle fotos a tus clientes, que seguro que vuelven’”. Y así hice. Son mis clientes los que las cuelgan donde pueden. Eso sí, sin tapar las caras de otros”. En las escaleras que bajan al baño (sus paredes también forradas de fotografías), se descubre la última sorpresa: una paloma en una jaula. Se llama Blanca. Hace siete años se cayó de un nido en Benidorm y Beni y sus hijos se la trajeron a Madrid. Muchos días, Beni la saca en el bar y se la pone en el hombro, y la paloma no se va. “El que no quiere a un animal no puede tener cariño”, asegura.
El sistema, único
Una de las cosas que más caracteriza al bar Gran Vía es su sistema. El famoso sistema. “Soy el único en el barrio que trabaja así. De hecho, creo que soy el único en Madrid”, asegura Beni. Beni cuenta cuándo se le ocurrió la idea: “Antes tenía un camarero que iba a por tabaco y tardaba muchísimo en volver, vaya caradura... La gente me decía ‘Beni, un botellín’, y yo, como no me podía mover de la barra, les decía ‘Cógelo tú’…”. Y así comenzó todo. El bar de Beni es prácticamente un autoservicio: los clientes cogen los botellines y las latas directamente de los arcones frigoríficos. Con cada botellín o lata, es conveniente pedir tapa. Beni se molesta si no lo haces. Cuando necesita algo de fuera de la barra, Beni no duda en pedírselo a los clientes: “Ey, guapa, sácame una bolsa de hielo de esa nevera”, “Ey, el de azul, pon este disco (de sevillanas) en el DVD (duvedé)”. Pero el sistema no acaba ahí. Se paga al final, cuando ya te vas a ir: “Vosotros os pedís algo de comer y de beber, os lo tomáis tranquilamente y, luego ya, venís y me lo pagáis. Así da gusto, ¿eh?”. Y lo curioso es que la gente no suele engañar a Beni. “Confío en la gente. La gente es buena conmigo. No merece la pena perder la amistad por un botellín o por dos. Los macarras aquí no están a gusto”, comenta.
Beni y los famosos
Entre la clientela del bar Gran Vía se encuentra una larga lista de famosos de toda clase. Cuando estuvo trabajando en la cafetería de Prado del Rey, Beni tuvo la oportunidad de conocer a muchos (“De los grandes”, dice), como Marifé de Triana o Joaquín luque (“Luqui-luc”, como él le llamaba). La Pantoja también ha estado en su bar (“La Pantoja es una señora”, asegura) y tiene una foto de ella dentro de la barra. El bar Gran Vía está al lado del Teatro Lope de Vega, y así ha conocido a muchos actores y cantantes que actuaban allí y se tomaban un descanso en el bar de Beni: Paloma San Basilio, José Sacristán, Alfredo Landa, la compañía de Rafael Amargo… También han disfrutado de su venado en salsa o de su pollo “flameao” el Juli, Andy y Lucas, Carlos Sobera, Manuel Valdera, Pablo Puyol y Manu Tenorio antes de pasar por Operación Triunfo. Algunos, como Pablo Puyol son clientes asiduos. Quienes también le visitan a menudo son lo que él llama “grispis, crispis…”, los frikis, “toda la caspa”, en definitiva: Leonardo Dantés, Tony Genil, la bruja Lola, Paco Porras, los vampiros de Transilvania… De todos estos famosos tiene fotos en las paredes de su bar. Paco Porras dedica así una: “A los bellos clientes del Beni, con cariño”. Dice que trata a los famosos como a cualquier cliente: “Tanto vales tú, como valgo yo”.
Las frases de Beni
Quien entra en “el Beni” y se queda un rato, no se va sin oír algunas de las frases míticas de su propietario. Algunas, de su propia voz. Cuando alguien le pide un botellín o un abridor, él responde: “Llevo quince años y no voy a cambiar el sistema esta noche”. Otras, sin venir a cuento: “En mi casa no importa la edad. Bienvenida la buena gente”. Cuando le vas a pagar: “Aquí el que se va sin pagar, peor para él. El que es bueno, vuelve. Por eso yo tengo confianza”. Cuando pides: “Vosotros os pedís algo de comer y de beber, os lo tomáis tranquilamente y, luego ya, venís y me lo pagáis. Así da gusto, ¿eh?”. Y constantemente: “Tengo a la gente más honrada de Madrid”.Otras frases están escritas en carteles por todo el bar. No sólo anuncian las bebidas y comidas y sus precios: “Pollo al ron, 4 euros. ¡Olé!”. También las hay que resumen la filosofía de Beni y de su sistema: “Por favor, pedir vuestras tapas con cada consumición. Gracias”, “Beni confía en ti”, “El Beni da las gracias a la buena gente”.
El Beni mediático
El bar de Beni, sin duda un sitio insólito en la época actual, ha sido recogido, lógicamente, por varios medios Beni ha sido entrevistado por Madrid Directo y Mi cámara y yo. También ha salido en prensa, y guarda los recortes. Dice que tiene unos 20. Y cuenta que muchos jóvenes sacan su bar en la revista del colegio o del instituto. Incluso Daniela Cardone grabó el bar Gran Vía para enseñarlo en Argentina, “porque le encantó”, cuenta Beni. Javier Cárdenas, de Crónicas Marcianas, le ha entrevistado tres veces. “La primera se portó muy mal”, asegura Beni dolido.
Beni y su bar también aparecen en varias guías, como De cañas por Madrid (que le pone un 8,1 de nota) o la Guía del Ocio.
Otros internautas han inmortalizado el bar en sus webs personales. Se pueden encontrar desde fotos hasta la crítica (positiva) de una japonesa.
Por Ana Cortina Montes(Reportaje temático)


5 Comments:
k grandes fotos las tuyas RAH kon el señor Leonardo Dantes, uno de los maestros de la musika aktual, i pionero en el panorama actual.
aun las konservo jaja y me agrada kontemplar komo el hombre de a pie es kapaz de kodearse kon la gente selecta de este pais.
jaja el baile del pañuelo!!!tiririri
me parece una falta de respeto seguir dando importancia a esta clase de personajillos k lo unico k acen es irritar a la sociedad y sacar todo la malo k ay en nosotros,abajo dantes¡¡¡,el unico provexo k se puede sacar de ese individuo es su peculiar baile del pañuelo xo k al final acaba siendo repetitivo y frustrante asta xa el mismo,fueeeeeeraaaaa frikysss¡¡¡¡¡¡
jaja, kallate puto UAS
el dantes es un fenomeno y ya esta
k puntazo kuando vimos a la 6 dedos en la puerta del yasta i vino la TAMARA en taxi jaja
k asko de gente, pero a LEO no le metas en el sako k es un fenomeno,canta mejor k blak lion inkluso jaja
Comentando, como empezar, las cosas me gustan y quiero preservarlas, friki es una persona interesada u obsesionada al menos con un tema, afición, o hobby en concreto. Originalmente, la palabra freakies era usada para referirse a las personas que se distinguían por tener alguna malformación o anomalía física (mujeres barbudas, hombres elefante, o personas de estatura anormalmente alta o baja), y que eran exhibidas en los circos. Por ello, la palabra freak en inglés también conserva este significado. El ejemplo más famoso de ello y origen del término y su significado en el idioma ingles, es la película Freaks, en españa se conoce también como "La parada de los monstruos" y aprobecho para recomendarla por que a pesar de ser de 1932 sigue estando de plena actualidad a diferencia de otros clásicos como Metrópolis, El acorazado Potemkin o cualquiera de Chaplin. El trérmino friki se concreta para personas apasionadas por un tema en concreto ya sean los comics, videojuegos, juegos de rol o informática, aunque a estos mas bien se les llama geek, y tiene connotaciones cariñosas.
Por otro lado podría decir que Dantés es un artista de variedades, canta y baila; y con ello quiero recuperar lo peyoratívo del término artista que acumula todo lo malo que pueda haber en una persona aunque sean capaces de destacar o transmitir alguna culidad por la que les salvamos y dignificamos como catalizadores de nuestra expresividad.
Más info en: http://es.wikipedia.org/wiki/Friki
Un dia que estuvimos en el bar del Beni después de estar viendo sus videos musicales en la tele del bar aparece el Leonardo Dantés y toda la gente del bar ahí a gritar y a decirle cosas, el tio mas desconcertado que no sabía ni que hacer, no decía nada, que iba a decir... y empezamos a sacar las cámaras a cojerle, el tio más a la defensiva por si le sotábamos cualquier puya de las que dicen por ahi y desconcertado en todo momento, era una atracción, como un juguete entre la turba, se rehían de él pq insinuaban q con la tontería de las fotos aprobechaba para manosear a las tias por lo q se veía obrigado a andar con las manos pegadas al cuerpo con miedo de tocar a alguien. Creo que su canción era el "no cambie, no cambie, no cambie" mel o confirmais? pues siempre me llamó la atención pq la entonación no está clara, la deja deliberadamente ambigua entre la asertación a alguien hablando de usted -->"No cambie usted por favor" y la enunciación en 1º persona de la actutud que tubo de no cambiar -->" no cambié, a pesar de lo que fuera, no cambié" jejjeje
Pero aqui lo que se comentaba era el bar del Beni que estaba decorado con fotos de todo el mundo, en serio, había tacos y tacos de álbunes por todas partes, podias llegar y poner tus fotos, era un museo de la imagen, del propagandismo personal.
jajajaa
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