01 noviembre 2006

Por Lucía Etxebarria

Lucía Etxebarria: 'Gincana urbana'
Ayer leía en una revista la opinión de un psicólogo que decía que si CSI está teniendo tanto éxito es porque los humanos estamos programados genéticamente para que nos gusten el riesgo y la aventura, y que la vida moderna no nos los da.
Cómo se equivocaba.


Imaginemos que usted tiene que ir al Hospital Doce de Octubre con una niña pequeña. Claro que podría usted ir también con un anciano, con alguien en muletas o incluso, por qué no, con una persona en silla de ruedas. Al fin y al cabo hablamos de un hospital. Elige usted ir en cercanías.
La primera prueba de la gincana será la de subir el ingente tramo de escaleras no mecánicas de la estación. En mi caso con el carrito en volandas. Acto seguido se le exige que avance ocho minutos cuesta arriba entre coches y charcos. Existe una mínima acera casi invisible pues sobre ella han aparcado todos los coches. Y como gran parte del tramo no está asfaltado el camino se ha convertido en un barrizal.
Si pese a todo consigue usted llegar al macroedificio y acceder a la consulta después de la hora de espera de rigor, no crea que la aventura ha acabado. Como el edificio es tan enorme no sale usted por donde ha entrado, sino que acaba en un descampado en el que no se orienta, y a la salida del hospital no hay señalización que le dirija al tren. Cual Dorothy del Mago de Oz lo único que busca es el camino a casa. Y entre dientes, se caga usted en la madre del psicólogo.

PD: Había fotos pero blogger no funciona